Un viaje a Pakistán, como un sueño efímero

CARRO MARINA, Lucía (2016): Cartas patanas. Andanzas por Pakistán con burka y sin burka. Madrid, Biblioteca Nueva, 397 páginas.

Hay libros testimoniales que son inestimables fuentes de conocimiento por la calidad de la información que suministran. Estas obras son especialmente interesantes para periodistas y estudiantes de Periodismo precisamente porque muestran ejemplarmente cómo entender el mundo y sus otras culturas con una necesaria mirada honesta, curiosa y respetuosa, y cómo usar todo tipo de fuentes para explicar lo que no se sabe de la mejor forma posible. Es casi imposible que podamos desnudarnos de ciertos prejuicios culturales pero el esfuerzo es precisamente no doblegarse ante ellos sino tratar de entender para poder luego contar. Y ese es uno de los grandes valores de Cartas patanas. Andanzas por Pakistán con burka y sin burka de Lucía Carro Marina.

Lucía Carro Marina es doctora en Filología por la UCM, políglota y profesora de latín. Nació en Madrid, pero confiesa que volvió a nacer en Pakistán en el año 2001, cuando se casó con Adam Nayyar, antropólogo y etnomusicólogo pakistaní, que estudió y se doctoró por la Universidad de Heidelberg de Alemania, que fue director del Consejo Nacional de las Artes de Pakistán y que lamentablemente murió demasiado pronto, a los 60 años. Durante su matrimonio, Lucía Carro y Adam Nayyar trabajaron juntos cada día -ella se define como antropóloga consorte- en la defensa y protección del patrimonio musical de Pakistán y de los músicos pakistaníes, perseguidos por los talibanes porque proclaman que la música es pecado. Lucía lo describe en varias de sus Cartas patanas:

“Como maestro, Adam me acercó a la música religiosa popular, y como activista político contra los fundamentalistas, que saben que la música es su peor enemigo en el subcontinente”.

Como los Grimm, buscaron por pueblos, ciudades y aldeas la música popular, las coplas, las danzas, expresiones culturales que son las más sentidas y compartidas entre generaciones, las más emotivas y genuinas de todos los pueblos de este mundo. En Pakistán, tierra musulmana, el Corán rige la vida y se impone esa regla coránica que prohíbe la figuración de seres vivos. Por tanto, la música se convirtió en el arte por excelencia en detrimento de las artes plásticas. Además, en ese lugar del sudeste asiático la cultura popular atribuye un valor medicinal y curativo a las notas musicales sabiamente manejadas. El trabajo de Adam y de Lucía era también una enamorada defensa de la música y de los músicos pakistaníes. Música y músicos fueron proscritos por los fundamentalistas islámicos, esos talibanes que,  con justicia cuenta Lucía Carro, fueron bien alimentados por Occidente:

En los últimos años el moderno fundamentalismo islámico ha conferido un enorme poder a los mullahs o clero musulmán, ignorante, y a menudo sin ninguna formación teológica, que proclaman que la música es pecado y la prohíben y castigan… Repito: hacen expulsar a los músicos de la ciudad, rompen sus instrumentos, incendian las tiendas de discos y cassettes, tiran granadas sobre las humildes carpas que albergan una boda con música… sin que las autoridades y los políticos laicos se atrevan a mover un dedo ni encuentren nada que objetar. El resultado es una incentivación de la violencia en una sociedad violenta de por sí, que ya no puede aliviar su alma, como hacía antes con un poco de música.

La “revolución de la casete”, como lo llamaba mi marido, había hecho asequible la música para los más pobres. También permitía copiar, grabarse y ser grabado. Esto dio una vida nueva a la sociedad rural, a su música y a su creatividad. Actualmente, las leyes contra el pirateo de música son las mejores aliadas de los mullahs y su oscurantismo.

Hoy en día, los tiros al aire, a menudo con mortíferos resultados, son el único efecto de sonido asequible para las celebraciones del amor (p. 183).

Lucía Carro ha tenido el acierto de elegir el género epistolar para sus relatos y descripciones de ese gran viaje que duró doce años por la República Islámica de Pakistán. Es un país con una superficie como una España y media pero con casi 200 millones de habitantes. Su territorio ha sido y es una auténtica encrucijada de caminos y de culturas. Reúne tierra adentro y en su litoral a las dos rutas de la seda, y es asiento y crisol de civilizaciones únicas (Harappa, Gandhara, el Imperio Moghol, el Raj) y de milenarias culturas (hindú, china, centroasiática, chamanismo siberiano, persa, swahili del África del Este, unida desde muy antiguo a Pakistán por el tráfico de esclavos del legendario imperio de Omán). Los años de trabajo de Lucía Carro y Adam Nayyar seguro que no fueron suficientes para sus planes de investigación etnomusical pero sí para que en ese interrumpido viaje ella haya entendido su gran viaje como conocimiento. Y este libro es el testimonio de ese viaje homérico, del que hablaba Kavafis para ir a Itaca aunque nunca se llegara, ese viaje que como definió Descartes “sirve para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo en la propia patria se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado”.

Esta es precisamente una de las ideas principales que Lucía Carro ha dejado en su libro. Ella nos muestra, tal vez sin percatarse de ello, con sus relatos y sus análisis, con sus datos precisos, sus descripciones de la gente y de los lugares, de las costumbres tan diferentes a las que se hubo de adaptar, con todo el amor que transmite en cada página por la tierra que la acogió, que estamos llenos de prejuicios, que nuestro conocimiento del mundo es estereotipado, y que los medios de comunicación no ayudan precisamente a romper esta ignorancia, más bien, al contrario, la alimentan. Por eso, en las primeras páginas de la Introducción a sus Cartas Patanas, Lucía Carro escribe:

“Viajera he sido por las tierras de Pakistán y romper una lanza quiero por su gente, su cultura y su presente situación. Pakistán es un país doblemente herido, primero por la colonización británica y recientemente, de nuevo, por el fundamentalismo islámico que sigue asolándolo”.

Lucía Carro Marina vivió intensamente su viaje junto a su marido Adam Nayyar ya que como antropóloga consorte fue un nexo necesario con el mundo de las mujeres. Porque, en efecto, en la República Islámica de Pakistán la segregación de los sexos es una norma inviolable, de modo que como hombre Adam Nayyar no tenía acceso al mundo de las mujeres, cuando son ellas las que conservan y transmiten de generación en generación la música popular, desde las canciones de cuna a las que festejan o lamentan todos los aconteceres de la vida. Lucía pudo entrar en ese mundo femenino vetado para el hombre y completar así la investigación emprendida sobre música y danza.

La nueva vida de la autora exigió que aprendiera el urdu, idioma oficial de Pakistán, y el farsi porque se habla en Afganistán y es lengua madre. Además, es trilingüe en español, inglés y francés y habla y escribe chino (en 1999 publicó una recopilación, con traducción propia, también en Biblioteca Nueva, titulada Ciento setenta poemas chinos). Ha sido profesora de latín en varias universidades del mundo. Gracias a este envidiable dominio de idiomas, la autora va desgranando en su libro lo que muchas palabras significan y han significado, su origen y evolución, un viaje constante por el lenguaje que, sin pretenderlo, nos hace penetrar en conceptos, en detalles reveladores, en la historia oriental y occidental compartidas por siglos, con facilidad y atracción, porque las palabras son el nexo absoluto de lo humano con todos los universos. Y por ser políglota, Lucía Carro conoció y ayudó a muchos viajeros escritores, investigadores, antropólogos y periodistas de todo el mundo que llegaban a Islamabad. Y, en fin, también tuvo tiempo la autora para estudiar la danza como concepto y como expresión. Tomó clases y se convirtió en una bailarina de danza pakistaní y de ello habla en sus Cartas patanas y muestra en ellas algunas fotografías muy bellas.

La belleza. Algo que Lucía ha perseguido en su inmenso viaje. Dijo André Breton que la belleza es convulsiva o no es nada en absoluto. Yo pienso lo mismo. La belleza no tiene cuerpo ni alma. Es una idea, una sensación…una intuición. Hay algo en la belleza que nos duele y nos ensancha a la vez. Stendhal trató de explicarlo pero sigue siendo un misterio. Un silencio y una “puerta ante ese infinito que anhelo y que jamás he conocido”, dijo Baudelaire. Este verso es la mejor explicación que conozco sobre la belleza: la puerta que abre el abismo interior. Un abismo al que no podemos llegar. Pueden brotar lágrimas, o acelerarse el corazón o sentir el cerebro paralizado. Sensaciones. ¿Pero cómo explicar esa especie de sabiduría fugaz que se abre y se cierra al instante, que conocemos y desconocemos a la vez?. La belleza es el dolor. Y el placer. Dolor y placer efímeros, para no morir. La extraña droga. Las flores del mal. Baudelaire invade la conciencia. Y Lucía Carro ha leído mucho a Baudelaire.

Yo he percibido en estas Cartas Patanas esa búsqueda de la belleza y esa puerta que abre al abismo cuando encuentra instantes de belleza en el porte digno y elegante de un patán, de una mujer pakistaní, del cabello de las mujeres, de un paisaje, de un chal bordado, del pan sagrado de Pakistán, del gesto de las mujeres en la cocina, de un vestido, de una danza, de una canción, de una noche estrellada en el desierto, de un gesto de generosidad y de elegancia, tan comunes en aquella cultura hospitalaria y tan lejana para nosotros. Belleza en las manifestaciones cotidianas de una cultura antigua, mezclada con otras durante siglos, belleza en las ciudades y en las aldeas, belleza en la poesía, las palabras, en la escritura. Belleza no exenta de dolor, belleza que da el sublime placer en un instante que nos acerca al abismo como describió Baudelaire en su inolvidable verso. Si tuviera que destacar algo muy especial del libro de Lucía Carro, algo difícil por su enorme riqueza en todos los sentidos, es precisamente esta subyugación por la belleza que vive en todas sus páginas porque sin duda la encuentra. Allí está, en cada paso, en cada viaje, en cada experiencia, en todo lo que relata.

No es un libro para leerlo deprisa ni para seguir una historia. Tiene una estructura muy ordenada, académica, por temas que ella define, y todos ellos unidos en una lógica admirable. Es tal el cúmulo de información, es tan poderosa la forma en que nos sumerge en ese mundo oriental que ella ha descubierto con los ojos bien abiertos, que es necesario prestar la atención de un modo nada habitual. Todo va introduciéndose en la mente del lector, deshaciendo prejuicios y estereotipos, mentiras difundidas, historias falsamente fabricadas por intereses políticos de Occidente, proporcionando un conocimiento mostrado y explicado a la vez, en una mezcla que es bien difícil de conseguir. Por eso el libro que ha escrito Lucía Carro es de los que cuando se terminan consiguen que no seamos los mismos porque hemos vivido una enorme experiencia de conocimiento. Como ejemplo, cito este párrafo que, con la resolución de la brevedad sintética, nos informa sobre la historia de la realidad política:

Durante la guerra de Afganistán (1979-1989) anterior a la presente, en la que los poderes occidentales armaron y animaron a los rebeldes afganos contra los rusos, los estrategas norteamericanos, asesorados por un artero “think thank” docto en estudios islámicos, decidieron resucitar el concepto de Yihad (guerra santa), que el Islam había archivado desde el siglo X (eso dicen en esta parte del mundo, pero la historia de España situaría la fecha del olvido de la Yihad dos siglos más tarde, tras la fanática invasión de los almorávides y almohades en los siglos XI y XII), para ensañar a sus protegidos contra los comunistas. La CIA introdujo el concepto de Yihad en la formación del servicio secreto pakistaní en aquellos años, y ahora le está costando dios y ayuda erradicar esta noción en el país que Estados Unidos vuelve a utilizar como base de operaciones (p. 166).

He sentido esta sensación extraordinaria de vivir el conocimiento transmitido de toda una vida ajena con la última obra, testimonial, del admirado periodista que fue Ryszard Kapuściński, y que tituló Viajes con Heródoto. Kapuściński decía que el sentido de la vida es cruzar fronteras, fronteras físicas, reales, y otras como la de la cultura, la familia, el idioma y el amor. Él lo hizo como periodista y en Viajes con Heródoto describió cómo hace 2.500 años ya existía una lucha entre Occidente y Oriente, pero también la mezcla simbiótica de culturas y conocimientos. Decía Kapuściński que “Oriente es el confucionismo, el budismo, el taoísmo… El islam sería el tercer elemento. Centrar toda la atención en ese mundo islámico, intentar crear un problema con él, es un grave error y una manipulación”. Lucía Carro, que tal vez no haya leído el libro de Kapuściński, insiste también en esta idea y, como Kapuściński, transmite su interés sincero por el otro y el descubrimiento del otro. Son los otros, la otra cultura en la que tuvo que nacer de nuevo, lo que impregna y da un valor absoluto a sus Cartas patanas. Para ello hay que ir desprendiéndose en el viaje de ese Yo siempre estrecho que impide escuchar, ver, mirar, comprender y amar. Es una forma de estar en la vida y que yo intento modestamente enseñar a mis alumnos de Periodismo. Pero no es nada fácil y el desprendimiento de ese ego que nos identifica con una cultura, una lengua, un país, un terruño, significa transformación, apertura, viajar no solo en el sentido físico sino, y esto es lo más difícil, por el interior de nuestras cómodas y falsas seguridades. Aunque el libro de Lucía está lleno de esas señales de continua transformación, solo voy a citar dos pasajes de dos de sus cartas. En la primera, Lucía cuenta que aceptó un trabajo de muy difícil traducción y ordenamiento de datos. Y esta es su reflexión:

Poco a poco me fui metiendo en harina y descubriendo un mundo que me apasionaba. Fuimos al valle del Punyal a visitar al autor y su familia, él bajó a Islamabad con más datos y explicaciones, mandó a amigos con cassettes y más fotografías, y poco a poco fui poniendo orden en aquel amasijo informe de datos que me habían dado. Tuve que añadir capítulos de historia, desciframiento de muestrarios antiguos, glosario, descodificación icónica y lingüística de la simbología del lenguaje de los bordados en cinco lenguas locales, inventario, clasificación y catalogación de motivos, e índices. Cada vez más enfrascada, estaba ya escribiendo mi magnum opus cuando al cabo de más de un año de investigación Adam me preguntó un día: ¿Cuánto le piensas cobrar a los suizos por este trabajo? Sin dudarlo un momento le contesté que lo más posible, pues para eso estaba perdiendo las pestañas y sudando la gota gorda; la tarea era decididamente ardua y a menudo enojosa… no iba a regalar mi tiempo. Conforme a la lógica de Occidente, de donde procedo, pretendía “ganar” con un trabajo que me estaba costando dios y ayuda.

– ¿Por qué no lo donas?

La pregunta me vino grande y casi monto en cólera. ¡Con lo que, me quedaba todavía por sudar! Además, con nuestros exiguos sueldos de funcionarios pakistaníes…. Adam no dijo más aquel día.

Con el tiempo me hizo ver que aquel dinero sería mucho más útil para una escuela de niños discapacitados por la consanguinidad que estaban intentando abrir en una de las pobrísimas zonas de donde proceden los bordados del libro que estaba intentando sacar adelante. También siguió llevándome a visitar santuarios sufíes donde siempre se pueden presenciar emocionantes muestras de generosidad creativa y radical por parte de personas que gozan de poco que compartir, y empecé a ver las cosas de otra manera; de una manera que tampoco tiene que ver con la honrosa caridad cristiana.

Ahora lo veo claro, pero por aquel entonces tardé en comprender, pues yo era igualita que los consultores que tanto criticaba: creía, a la occidental, que “trabajar”, o mejor dicho, “tener trabajo”, significaba ganar dinero, y mientras más dinero, mejor y más honor (pp. 153-154).

Otro libro que me abrió ese concepto de transformación por el conocimiento de los otros fue la Isla de Sajalin, de Antón Chéjov. Chéjov (1860-1904) tenía 30 años y una tuberculosis pulmonar, era médico y ya un escritor cuando emprendió el viaje a la isla de Sajalín, un lugar situado en el extremo de Siberia, entre la península de Kamchatka y el archipiélago de Japón, en el mar de Ojotsk. Guarda la entrada de la desembocadura del río Amur. El fin del mundo. Uno de los infiernos gélidos e indomables de este planeta. Y por eso allí había un penal donde el régimen zarista deportaba a presos políticos y criminales. Chéjov tardó casi tres meses en llegar a Sajalín cruzando toda Siberia. Y pasó en la isla otros tres meses y tres días visitando las cárceles, las colonias de los penados y de los carceleros, hablando con los seres humanos que fueron allí arrojados, explorando todo su territorio, y observando con una empatía lejana a ningún sentimiento de superioridad a las poblaciones nativas de ainos y guiliacos. Se detuvo también en las bellezas de la isla y en su tundra inhabitable, en su historia, en la flora y la fauna, en la orografía y en el clima. La isla de Sajalín no fue pensada como una obra literaria sino analítica, de observación rigurosa, objetiva. Quiso ser la tesis doctoral para la culminación de los estudios de Medicina, algo que Chéjov no logró porque fue rechazada. Pero La isla de Sajalín ha sido mucho más que una tesis: ante todo es el gran testimonio con voluntad objetivista sobre una realidad que había que contar. Es decir, lo más cercano a un gran reportaje. La isla de Sajalín es la obra a la que Chéjov dedicó más tiempo y esfuerzo. Y puede ser que marcara de forma definitiva su carácter y alimentara su estoicismo y su compromiso con los más débiles. Puede ser que Sajalín fuera el germen de sus maravillosos relatos, el principio de su interés por observar al ser humano con buscada distancia, sin juzgarlo, mostrándolo en su belleza y en su desgracia, como también ha hecho Lucía Carro Marina en sus Cartas patanas.

Tal vez podría citar otros libros pero es suficiente dejar testimonio de los de Kapuściński y Chéjov porque me dejaron vida e ideas, y ahora estas Cartas patanas de Lucía Carro. No son libros de viajes, son libros de escritores que no pretenden contar solo las experiencias personales de sus cruces de fronteras sino que aportan el cambio que produce el conocimiento de otros seres humanos, de otras formas de vivir, de otras concepciones y culturas, que critican con valentía y claridad las injusticias y las falsedades de tópicos y estereotipos bien fabricados para servir a ciertos intereses. Lucía Carro cita en su libro a muchos escritores, poetas y filósofos, occidentales y orientales, que van por el mismo camino, y que ella nos va presentando en las citas exquisitas que presiden sus cartas.

El libro de Lucía Carro está escrito para lectores de su cultura occidental porque trasformación no significa olvido ni conversión ni negación de su cultura. Todo lo contrario. Lucía Carro es un puente que se ha construido a si misma entre las dos orillas culturales. Y los análisis desnudos de moralina que encontramos en sus cartas constituyen verdaderas interpelaciones para nuestra propia reflexión. Solo citaré dos breves párrafos sobre las buenas intenciones de Occidente:

Una vez más he de reconocer que hay que estudiar mucho y hacer mucha labor de campo preliminar antes de querer “mejorar” la vida de los demás….y colonizarles una vez más por muy desinteresado que se quiera ser (p. 210).

Pakistán no puede hacer frente a un gigante malencarado como la India, y no hace valer multitud de argumentos históricos, económicos y culturales que le ayudaría a defenderse… Sin embargo, Pakistán, país joven e ingenuo, sigue creyendo que la ONU algún día va a servir para algo (p. 337).

En una de las cartas patanas aparece la política española. Lucía Carro narra cómo se sintió orgullosa por el comportamiento de los soldados que se entregaron a una ayuda total tras el terrible terremoto que asoló Pakistán en 2005 y fueron autoridades españolas las que se personaron para supervisar la gran tarea de reconstrucción de los soldados de todas las nacionalidades ya que en aquellos meses España estaba al frente de la OTAN. Pero esa admiración patria se vino abajo cuando llegó a Afganistán la entonces ministra de Defensa a una tierra donde es impensable que las mujeres embarazadas vayan a la guerra, y con un avión-hospital pertrechado con médicos, enfermeras y con el último grito en equipamiento quirúrgico, en un lugar donde sufren los soldados sin esas comodidades sanitarias y donde las mujeres afganas mueren de parto por falta precisamente de esos medios. La autora dedica dos páginas a describir este inoportuno viaje y se pregunta: “Quién forma el equipo de antropólogos, sociólogos y especialistas en protocolo que asesora al ministerio de Defensa?, nos preguntamos todos… ¿Quién se divirtió con esta “propuesta” como dicen los comentaristas de moda”? (p. 229). Y nos ofrece, más que una respuesta, que no la tiene, una reflexión:

No nos queda más remedio que recurrir a Platón: narra en su Protágoras como Hesiodo y Esquilo, el mito de Prometeo, pero a diferencia de estos insiste en que si bien fue Prometeo quien roba el fuego para ayudar a los humanos, fue Hermes, a petición de Zeus, y no Prometeo, quien dota a los hombres con las herramientas para que pueda desarrollarse el arte de la ciudadanía o Tekné Politike, base de la democracia griega, de la que dicen inspirarse los políticos occidentales, a saber: 1. Diké: sentido de lo justo; y 2. Aidós, sentido de lo decente, el sentido de lo moral, apropiado al decoro. Según acuerdo tácito e inmemorial entre los hombres que no necesita codificación por ser tan patente en el sano fluir de las relaciones humanas.

Hay maneras de ningunear el aidós y la diké y de hacer trizas la tekné politike con que se dota cada pueblo; un ejemplo puede ser Estados Unidos en Pakistán, Afganistán y Pashtunistán… Y otro ejemplo más sangriento para mí es el de la ministra de Defensa del reino de España (p. 230).

En la epístola 82 a Lucilio, Séneca preguntaba: “¿Como eliminarás los prejuicios de toda la humanidad de los que esta imbuida desde la infancia?” Séneca aconsejaba a su discípulo que no eran las teorías ni las arengas las que conseguían eliminar prejuicios y malas conductas sino el saber mostrar con situaciones concretas la realidad que pretendemos dar a conocer. “Ningún acto resulta honesto -decía Séneca- sino aquel al que el alma entera se consagra y atiende”. Esto es precisamente lo que nos deja Lucía Carro: con relatos de su experiencia nos obliga a reconocer prejuicios y falsedades y a desecharlos. Porque sus cartas no son morales aunque contengan esa honestidad persuasiva que describía Seneca. Son cartas que comparten con el lector ese gran viaje al que se consagró contrastando la cultura de una cristiana occidental con otra milenaria, oriental, islámica, tan diferente. Son cartas de una gran contención emocional, prevalecen los datos y los análisis por medio de las historias y descripciones, dejando a un lado su emotividad, que se percibe a veces pero que no empaña. Como Chéjov y Kapuściński. Y esto lo digo con gratitud y admiración porque por desgracia se ha impuesto la moda del relato periodístico y literario en los que emociones privadas de los autores son protagonistas antes que cualquier análisis necesario. Una plaga de la que no culpo tanto a los periodistas como a los medios de comunicación. Estamos viviendo la imposición de las emociones para acallar las causas de los problemas, de los prejuicios, de la violencia.

El consejo de Séneca ya estaba explicado por Aristóteles cuando en su Retórica definió este concepto de mostrar, de hacer visibles las ideas y realidades por medio de la visibilidad narrativa: “Llamo poner ante los ojos algo a representarlo en acción”. Y Quintiliano, maestro de retórica, tenía esta máxima aristotélica: “escribir para mostrar, no para probar”. Es decir, no valen las arengas morales ni ideológicas por sí solas. Lo que importa es narrar con verosimilitud, precisión y sinceridad. El testimonio honesto. Esta dualidad entre la experiencia personal, es decir, la singularidad, y lo que es universal, como la empatía, por ejemplo, o entre lo íntimo y la experiencia compartida es lo que proporciona ese inmenso valor comunicativo que tiene la mejor literatura y el mejor periodismo.

Lucía Carro Marina, con elegancia pero con razones muy justificadas, no habla bien de los periodistas occidentales, esos que van a Afganistán o a Pakistán como voceros o como aventureros que desprecian otras culturas diferentes para lograr no se sabe qué gloria. Cuenta la autora el bochorno que sintió por unos periodistas que se disfrazaron con una burka para burlar la entrada fronteriza afgana y que, por supuesto, al primer paso, paso zafio, fueron detenidos. Lo narra con una contenida indignación muy reflexiva que desemboca en una pregunta que nos atañe a todos:

Es decir, que los zafios reporteros occidentales varones que, cuando comenzó la última invasión de Afganistán, creyeron poder colarse en tierra patana perpetrados por burkas adquiridas al por mayor, con sus bastos andares, no sabían en el lío que se estaban metiendo, ni el peligro de muerte que corrían, ni saben quién los salvó. ¿Qué tipo de información pueden facilitar y siguen facilitando los que creyeron engañar a todo patán viviente y se vanaglorian de ello? ¿Qué visión y comprensión de hechos y cultura? ¿Qué veracidad y qué fideiDignidad? (p. 199)

Como periodista que fui y como profesora de periodismo siento cierta rabia al leer estas historias aunque por supuesto acepto su crítica. En cualquier caso yo no trabajo para un medio de comunicación sino para una universidad pública, de modo que seguiré enseñando lo que es un periodista, lo que es periodismo, y Chéjov, Kapuściński, y este libro de Lucía Carro me sirven como grandes ejemplos de narradores para explicar la escritura y la mirada. Hannah Arendt, en Verdad y política, escribió: “Sin los periodistas no encontraríamos nuestro lugar en un mundo de cambio constante y, en el sentido más literal, no sabríamos nunca dónde estamos”. Lucía Carro Marina no es periodista, ella misma lo advierte, pero su libro me va a servir para explicar cómo se mira. La enseñanza del periodismo no se basa en manuales o recetarios, sino en textos filosóficos y en la escritura de muchos autores, periodistas y literatos, que han sabido mirar, preguntar, observar y salir de sí mismos. Es una cuestión fundamental. Para ser realmente libres en nuestras elecciones y autónomos en nuestras decisiones necesitamos ver con alguna claridad. Si no, no seremos más que esclavos de nuestras emociones, de nuestros maniqueísmos, de nuestros prejuicios, de nuestro miedo al otro, al diferente, ese relato que nos fabrican los poderosos para la justificación de sus guerras y para el dominio del mundo.

La mirada. Lo primero, saber qué miramos, cómo miramos. Después, la escritura. No es fácil saber mirar y por ello se puede aprender durante toda la vida, si se ejercita, claro. En estas Cartas patanas hay un continuo ejercicio de mirada hacia los otros, auténtica comunicación. Y también esa mirada que paulatinamente va limpiando y puliendo el yo acomodaticio, ignorante y satisfecho al modo panglosiano del Cándido de Voltaire. En esta transformación por la mirada se ve constantemente en el libro de Lucía Carro la guía de Adam Nayyar. Por eso dice Lucía que allí, en Pakistán, volvió a nacer. Cito un corto párrafo de una de las cartas patanas:

Allí, mi marido me hizo notar la pobreza extrema de los lugareños. Me avergoncé de no haberme dado cuenta; para mí todo era pobre y ahí acababa la cosa… Mi marido me hizo fijarme en el estado de casi descomposición de las humildes sandalias, cuando las había, y en muchos otros detalles que mis ojos occidentales no eran capaces de distinguir (p. 323).

He dejado para el final mi admiración por la bella escritura de Cartas patanas. Andanzas por Pakistán con burka y sin burka. Es un libro tan bien escrito que emociona y obliga a paladearlo. Una escritura que es el indudable resultado de una sensibilidad fuera de lo común, de la acumulación de conocimientos y su dominio de varias lenguas. Creo que todo ello, como un prodigio de alquimia mental, ha conseguido esta escritura limpia, depurada, que los lectores sentimos recordando ese verso de Virgilio en la Eneida: Como viento ligero, igual que un sueño efímero.

La propia autora se ha definido en su libro de forma clara y reivindicativa como enemiga de los abusos del lenguaje. Una idea necesaria y justa para quienes tenemos la responsabilidad de enseñar escritura periodística:

Sí, pertenezco a la terrible secta de los traductores e intérpretes, dragomanes o truchimanes, levantisca contra los que la hostigan y acosan con su abuso del lenguaje y, por lo tanto, de ideas… y de la realidad (p. 173).

 

María Jesús Casals Carro

Universidad Complutense de Madrid

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La cólera de Aquiles

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Cratera de volutas, Ática, 490- 460 a.C., 63 cm (alto) x 46 cm (diámetro), Londres, British Museum, Greek & Roman Antiquities, G15/3, 1848,0801.1

Jorge Viz González

Resumen: En el texto se estudiarán las conexiones literarias de la representación de la lucha entre Aquiles y Héctor de una cratera de volutas griega. Se desarrollará el concepto de héroe griego, ejemplificándolo con los textos del canon de la literatura mundial, además de focalizar en el concepto de cólera de Aquiles, y en los duelos singulares, abstraídos de su entorno y que finalizan con la vitalidad o la glorificación del héroe clásico.

-Palabras clave: Aquiles, Ilíada, Literatura, Cólera, Héroe. Fecha de elaboración: Mayo de 2016.


         La escena principal representada en la cratera de volutas personifica la lucha de Aquiles contra Héctor narrada en el canto XX de la Ilíada de Homero, un poema épico de 24 cantos. Este enfrentamiento tuvo lugar durante el décimo año de la guerra entre aqueos y teucros en la amurallada ciudad del rey Príamo. Con estas palabras, Héctor, engañado por la diosa Atenea, exclama a Aquiles: “No huiré más de ti, oh hijo de Peleo, como hasta ahora. Tres veces di la vuelta, huyendo, en torno de la gran ciudad de Príamo, sin atreverme nunca a esperar tu acometida. Mas ya mi ánimo me impele a afrontarte, ora te mate, ora me mates tu” (Homero 2012, 412). Tras un valeroso combate, perdió la vida en manos de Aquiles. Desde el primer momento el propio Homero nos indica cuál es el tema de la Ilíada: “Canta ¡Oh diosa!, la cólera de Aquiles: cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes” (Homero 2012, 63). Por lo tanto, la escena de esta vasija griega nos muestra el momento álgido, la escena culminante de la obra donde por fin pudo calmar su sed de venganza y apagar su cólera. La Ilíada nos ejemplifica su vida, la de un héroe épico víctima de su fatal destino.

            Desde Homero, han aparecido muchas versiones donde se narraba la guerra de Troya y este combate en concreto. Virgilio, Ovidio o Dante, incluyeron en sus obras menciones a los héroes míticos de Homero. Los autores romanos, que remontan su linaje a Troya, compartían una visión más negativa del carácter de Aquiles. Virgilio lo nombra como “el iracundo Aquiles” (Virgilio 1992, 142) sin piedad de los hombres y Horacio como violento y despiadado con niños y mujeres. Otros autores, dan a conocer otros motivos para su menosprecio, su vida erótica, como Ovidio o Porpercio. De Héctor, conocemos su personalidad y sus heroicidades en el décimo año de la guerra narrada en la Ilíada. También lo podemos ubicar en epopeyas cíclicas y en la tragedia de Reso en Eurípides, donde se narra la lucha naval y el fallecimiento de Sarpedón. Una obra en la que aparecen ambos es la divina comedia de Dante, donde Héctor y su familia permanecen en el Limbo, el círculo exterior donde moran los virtuosos no cristianos. En cuanto a Aquiles, el haber actuado por impulso ante la muerte de Patroclo, por querer obtener venganza y gloria, junto a su enamoramiento de Briseida, por quien abandonó a sus compañeros en batalla cuando Agamenón se la quitó de sus aposentos, es decir, el no haber frenado sus instintos y haber pecado por incontinencia le ha conducido al segundo anillo del Infierno de Dante.

            Para poder comprender mejor a los protagonistas de la Ilíada debemos saber que la figura del héroe épico ha tenido un diverso enfoque en cuanto a su definición, ya que poseen y ejemplifican con sus hazañas virtudes diferentes en función de la época en la que se narran sus gestas. En la escena representada en la cratera de volutas y en los momentos previos al combate, cabe destacar la superioridad de Aquiles como héroe. Ha elegido una vida breve y gloriosa, expresa y reconoce que el destino de cualquier ser humano es el sufrimiento y la muerte, la condición no divina, mientras que Héctor olvida el suyo ya que su sentido del honor le incita a regresar al combate. Desde el canto número VII de la Ilíada hasta el XXII profundiza en su error, querer obtener piedad de Aquiles, y solo cuando decide enfrentarse a Aquiles lo reconoce y se lamenta de no haber seguido los consejos de su familia.

            Generalmente, los héroes épicos, adquieren una conducta peculiar por algo ocurrido y se valen de sus habilidades o virtudes para lograr tareas difíciles de alcanzar por cualquier humano, convirtiéndose así en los protagonistas de la poesía heroica. Para ejemplificar sus diferentes modos de actuar recurriremos a Aquiles, Odiseo y Eneas, protagonistas de La Ilíada, La Odisea y la Eneida, respectivamente.

            En la Ilíada podemos observar el caos producido por una guerra a gran escala y sin embargo, como el poeta fija su atención en los héroes y en sus motivaciones personales. En Aquiles destaca sus facultades humanas: la belleza, la fortaleza, el vigor y el saber cómo adoptar la muerte ideal de la vida heroica para alcanzar la gloria eterna. También la compasión, la preocupación por lo humano y los valores morales, como cuando recibe a Príamo en su tienda y se apiada de él tras solicitar el rescate del cadáver de su hijo en el canto XXIV.

            En la Odisea, Odiseo es presentado prácticamente como el polo opuesto de Aquiles. Nos muestra su afán por sobrevivir, su única meta es la de no morir en el campo de batalla. No es un héroe que recurra a la fuerza, al poderío físico, es un héroe que trata de alcanzar la victoria usando la inteligencia práctica, con mucha valentía, engañando, mintiendo o incluso disfrazándose.

            La Eneida de Virgilio se ve transformada por los criterios éticos del momento, ideales morales que conforman otro espacio social para el héroe y que lo alejan de la obra de Homero, aunque se advierte su derivación en muchos aspectos. La inteligencia práctica ya no será la virtud del héroe, como en Odiseo, sino que lo será la moralidad, justo y piadoso, virtudes cívicas que corresponden al momento temporal en el que se crea. Es decir, Virgilio interpreta las realidades tradicionales pero con una visión más filosófica y simbólica.

            El sentimiento que mueve a Aquiles a protagonizar la escena que he elegido, su cólera, se convierte en el símbolo de la guerra de Troya, su pasión motivadora: “apetito penoso de venganza por causa de un desprecio, […], a toda ira sigue un cierto placer, nacido de la esperanza de vengarse” (Aristóteles 1994, 307). Esta afirmación hace suponer que el sentimiento de ira en la antigua Grecia tenía connotaciones similares a las actuales pero quizás, no seamos capaces nunca de matizarlo con detalle. A Aquiles se le aplica la palabra mênis para identificar su cólera, la misma que a los dioses, no utilizada para el resto de héroes. Esto da lugar a una confusión, ya que me referiré a la cólera de Aquiles por lo que contemporáneamente entendemos como cólera, ya que no conocemos el significado concreto de mênis. Pasión generada por la pérdida de su eterno compañero, Patroclo.

            Aquiles y Patroclo habían crecido juntos en Pythia, y de allí marcharon a la guerra. En la Ilíada, Aquiles se muestra profundamente humano, dando a conocer un rasgo interesante de su personalidad, su desinteresada y continua amistad con Patroclo. Son el prototipo griego de amistad eterna. El trágico final de ruptura de esta pareja literaria comenzaría en el décimo año de guerra, cuando Agamenón robó a Aquiles a su querida Briseida, hija de Brisos, sacerdote en Lyrnessos. Este acto le condujo a retirarse y a permitir que Patroclo combatiese al frente de los mirmidones, tras haberle cedido su armadura.

            Enloquecido por el fragor del combate, dio muerte a varios troyanos entre los que se encontraba Sarpedón. Zeus, molesto por lo ocurrido, decidió planear su muerte alentando a que Héctor le acosara sin cesar. Y así fue, mientras Patroclo estaba atacando a los teucros que defendían a Héctor, Apolo, en el desconcierto del combate, le quitó el yelmo de Aquiles con un golpe en la espalda. Había llegado su hora. Patroclo sintió que había sido alcanzado por la pica de Euforbo. Héctor, aprovecho su debilidad tras haber sido herido, “le envainó la lanza en la parte inferior del vientre” (Homero 2012, 820-821). Sus últimas palabras fueron para Héctor, al que anunció una pronta muerte.

            La tristeza de Aquiles es un tema que alcanzó gran popularidad en el mundo del arte y su llanto fue cantado por Homero de esta manera: “los aqueos pasaron la noche dando gemidos y llorando a Patroclo. El Pelida, poniendo sus manos homicidas sobre el pecho de su amigo, dio comienzo a las sentidas lamentaciones, mezcladas con frecuentes sollozos” (Homero 2012, 358). Los juegos fúnebres que organizó Aquiles en honor de Patroclo fueron narrados por Homero con detalle en el penúltimo canto de la Ilíada, el canto XXIII. La ira hacia Héctor la hizo extensible a cualquier troyano. Su desesperación conmovió a su madre Tetis, la cual le entregó sus nuevas armas, fabricadas por el divino Hefesto en su fragua subterránea, que  recogían la gloria del héroe, en oposición a la muerte que pronto recibirá. Aquiles, mientras contemplaba la armadura, sintió como volvía a florecer su cólera a la vez que disfrutaba observando el espléndido presente de Hefesto: la ilustre armadura, “tan excelente y bella como jamás varón alguno la haya llevado para proteger sus hombros” (Homero 2012, 366). Con el apoyo de los dioses y con su flamante y nueva armadura, nadie lograría vencerle. Héctor buscaba el encuentro cuerpo a cuerpo con Aquiles. Tras ver como este atravesaba a su hermano Polidoro con su lanza, furioso, arroja su lanza al mirmidón pero Atenea la aparta con un tenue soplo. Aquiles acometió, entre horribles gritos, a Héctor, con intención de matarle, pero Apolo le arrebató al troyano y “lo cubrió con densa niebla” (Homero 2012, 388).

            Aquiles y los suyos perseguían al dios Apolo convertido en Agenor, tras haberle arrojado su lanza. Esta maniobra permitió a los teucros refugiarse dentro del recinto amurallado, a todos menos a Héctor, que permaneció extramuros. Tras destapar el engaño, corrió hacia la ciudad. Príamo fue el primero en verle venir por la llanura, y Héctor, inmóvil en la puerta, al observar cómo Aquiles se le acercaba, se echó a temblar y huyó espantado. Dieron hasta tres vueltas a la ciudad, en una veloz carrera sin lograr acercarse mutuamente. Aquiles se aseguró de que ninguno de sus guerreros le disparara flechas, ya que quería para sí mismo toda la gloria. En la cuarta vuelta, Zeus tomó la balanza de oro y puso en cada lado la suerte de cada uno de ellos. La balanza se inclinó bajo el peso del día fatal de Héctor. Apolo desamparó al troyano y Atenea se acercó a Aquiles: “Párate y respira; e iré a persuadir a Héctor para que luche contigo frente a frente”(Homero 2012, 411). Lo logró tomando la forma de Deifobo, hermano de Héctor. El clímax de la Ilíada se aproxima cuando Héctor, listo para el combate, recibe estas palabras de Aquiles: “Ya no te puedes escapar. Palas Atenea te hará sucumbir pronto, herido por mi lanza, y pagarás todos juntos los dolores de mis amigos, a quienes mataste cuando manejabas furiosamente la pica”(Homero 2012, 413). Fue el primero en atacar, pero Héctor, con agilidad esquivó el tiro. Su contrataque rebotó en el escudo de Aquiles y al volverse hacia Deifobo para pedirle otra pica y ver que no estaba, comprendió la astucia de los dioses: “¡oh!, ya los dioses me llaman a la muerte. […] Pero no quisiera morir cobardemente y sin gloria, sino realizando algo grande que llegara a conocimiento de los venideros”(Homero 2012, 413-414).

            Aquiles, observó el único rincón del cuerpo que no estaba protegido por su vieja armadura, la garganta, y allí le envainó la pica, sin dañarle la tráquea para que pudiera hablar y responderle. Este es el instante que aparece representado en la escena del vaso donde Héctor, ya herido mortalmente, se desploma al suelo, donde pronuncia sus últimas palabras en vida: “No permitas que los perros me despedacen y devoren junto a las naves aqueas. Acepta el bronce y el oro que en abundancia te darán mi padre y mi venerada madre, y entrega el cadáver a los míos para que lo lleven a mi casa y los troyanos y sus esposas lo lleven al fuego” (Homero 2012, 414-415). No escuchó sus palabras, se ensaño hasta el límite, lleno de gloria, con el odio y la sed de venganza propios de un animal salvaje. Perforó los tobillos de Héctor y ató el cadáver a su carro para arrastrarlo bajo la mirada aterrada de su padre, madre y esposa. Tras llegar al lecho de Patroclo le dice orgulloso: “¡Alégrate, oh Patroclo, aunque estés en el Hades! Voy a cumplir cuanto te prometiera: he traído arrastrando el cuerpo de Héctor, que entregaré a los perros para que lo despedacen cruelmente; y degollaré, ante tu pira, doce hijos de troyanos ilustres por la cólera que me causó tu muerte” (Homero 2012, 420).

            En esta narración del relato podemos ver cómo mientras se narra el duelo entre el resto del escenario, el campo de batalla, desaparece completamente. El poeta se focaliza en duelos singulares, abstraídos de su entorno y que finalizan con la vitalidad o la glorificación de algún héroe. En el canto XVI se produce la muerte de Patroclo y la noticia llega a Aquiles en el XVIII. Aunque su respuesta parece inminente, Homero juega con el suspense hasta el canto XX-XXII, donde tendrá lugar su duelo contra Héctor. Por lo tanto, la guerra de Troya ha servido de fondo para la acción principal.

            En la Odisea apenas se mencionan contenidos de la Ilíada, solo entre los versos XXIV 73-84. Si lo hacen el libro de Alexandre y la Ilias Latina, y a partir de su comparación, podemos describir las diferentes narraciones del combate representado en la cratera de volutas y del armamento de Aquiles.

            En el libro de Alexandre podemos apreciar su fidelidad a la obra latina. Su parte central es una paráfrasis de ella, no de la Ilíada. En toda la obra se observa una medievalización cristiana, en la que el autor intenta hacer la obra más comprensible para la sociedad de la época. Para ello, narra acciones reformuladas con las armas, los rituales y la moralidad propia de la Europa del siglo XII. La caracterización de los personajes en el texto medieval es poco precisa, muy superficial en comparación con la Ilíada, ya que su parte dedicada a los acontecimientos de la guerra de Troya es poco extensa. En ningún caso se profundiza en su plano moral o psicológico como ocurre en la Ilíada.

            La Ilias Latina es un texto latino redactado en la época romana imperial, hacia el siglo I d.C., conservado en varios códices en los que se resume la Ilíada con el lenguaje de Virgilio y de Ovidio, que contó con una gran difusión durante la edad media. En lo referente al duelo entre Aquiles y Héctor, se narra con alto detalle la muerte de Patroclo y el llanto de Aquiles, mientras que el texto medieval se centra más en el duelo entre ambos.

            La preparación de Aquiles antes del combate refleja de nuevo el carácter medieval del relato al acercar su figura a la de un caballero, evitando el distanciamiento con el lector de la época: “como buen cavallero” (Cañas 2013, 266). Es el quien solicita a través de su madre, la diosa Tetis, que se le entreguen armas y no directamente como ocurre en el libro de Alexandre. También observamos diferentes visiones y definiciones en las nuevas armas de Aquiles.  En la obra medieval corresponden al armamento habitual de un combatiente medieval: loriga, casco, yelmo y escudo, frente a la griega en la que son un escudo grande, con triple cenefa y provisto de una abrazadera, una coraza, un sólido casco y unas grebas.

            Mientras que en la Ilíada se hace referencia a dos enfrentamientos, tanto el texto latino como el medieval trabajan un único combate, el definitivo del canto XXII, representado en la vasija que he seleccionado. En la Ilias Latina va desde los versos 931-937 y en el libro de Aleixandre entre las estrofas 667-712. En ellos se narra desde su diálogo previo al combate hasta la muerte de Héctor. La encomienda a Dios de Héctor antes de conocer su fatal destino, deja patente la diferencia entre ambos textos, la cristianización mostrada en el libro de Alexandre frente al texto clásico “acomendó su alma a Dios, el Padre Santo” (Cañas 2013, 267). Virgilio, en el libro XII de la Eneida también refleja la situación de duelo, no con Aquiles y Héctor de protagonistas sino con Turno y Eneas.

Obras citadas 

Apolodoro. 1985. Biblioteca. Traducido por Margarita Rodríguez de Sepúlveda. Madrid: Gredos.

Aristóteles. 1994. Retórica. Traducido por Quintín Racionero. Madrid: Gredos.

Cañas, Jesús, ed. 2013. Libro de Alexandre. Madrid: Cátedra.

Distis Cretense. 2001. La Ilíada Latina: Diario de la guerra de Troya. Traducido por María Felisa del Barrio Vega y Vicente Cristóbal López. Madrid: Gredos.

Homero. 2012. Ilíada. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Barcelona: Austral.

Píndaro. 2002. Odas y fragmentos. Traducción de Alfonso Ortega. Madrid: Gredos.

Virgilio.1992. Eneida. Traducido por Javier de Echave-Sustaeta. Madrid: Gredos.


Jorge Viz González es artista conceptual, estudiante de Historia del Arte en la Universidad de Santiago de Compostela y estudiante de Filosofía en la UNED.

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¿Cuál es la fórmula adecuada para una boda china?

Bao Beier's wife Bao Wenjing.

LI Xin

El 30 de marzo de 2016, Bao Bei’er y Bao Wenjing se casaron en la isla de Bali. Ellos son una pareja de “estrellas de cine”, y por tanto, un grupo de amigos del mundo del espectáculo fueron invitados a la boda. Una de ellas fue Liu Yan, una joven artista que ha hecho de su atractivo físico y sexual su verdadera especialidad histriónica. Ella es amiga de Bao hace diez años. La ceremonia contenía muchos juegos. En uno de ellos, un grupo de hombres agarran por la fuerza a la irresistible Liu y casi la tiran a un lago. Sin saber lo que iba a sucederle, ella gritó y otra mujer intervino en su auxilio.

A los pocos minutos, este suceso fue publicado en las redes sociales y se popularizó de inmediato. La crítica de los internautas chinos fue rápida y furiosa. “¿Cómo pueden ustedes, los peces gordos de la industria del entretenimiento tratar así a una dama como Liu?”, se preguntaron airados muchos fanáticos. “¿Cómo es que ningún invitado masculino se dispuso a ayudarla? ¿Dónde están los buenos modales de los caballeros?”, inquirieron otros. Más tarde, Liu publicó una declaración disculpándose por los problemas que les pudo causar a los Bao. Esto enfureció aún más a los seguidores chinos, que lo interpretaron como otra evidencia de la continua victimización que sufre el sexo femenino. Entonces, el recién estrenado esposo Bao Bei’er escribió una disculpa en las redes sociales, expresando que no hubo mala intención por parte de nadie. Sin embargo, el público no pareció haber quedado satisfecho. No se conoce la intención real escondida detrás de estas dos disculpas. Podrían estar siendo sinceros o podrían estar tratando de restarle importancia a su propia culpabilidad y a la manipulación que ha hecho la opinión pública.

¿Cuál es la fórmula adecuada para una boda china? No hay consenso. Como dice Confucio, “diferentes personas tienen diferentes puntos de vista”, lo que se considera aceptable por algunos, será visto por otros como una barbaridad. Gran parte de la lógica a la hora de elegir, funciona según el nivel de sumisión o de rebeldía que se tenga respecto al canon cultural de contraste.

A diferencia de una boda típica occidental, que está marcada por la solemnidad y la grandeza, una boda china pasa de un carácter a otro, sin perder su sentido. Por ejemplo, la parte ritual es ahora una mezcla de prácticas chinas y occidentales: la novia vestida de blanco (occidental) y luego de rojo (china), o viceversa. Sin embargo, para los amigos de la mayoría de los recién casados, que tienden a ser jóvenes y estridentes, en realidad la parte divertida de una boda china son los “juegos nupciales”. Muchos de estos están diseñados para excitar o, como piensan algunos, para humillar a los participantes.

Un ejemplo clásico es el juego “comer la manzana colgada”, donde la pareja tiene que devorar la fruta prohibida. El objetivo es que los labios de ambos cónyuges se rocen entre sí. Hay gente que puede preguntar: “¿Qué problema hay en jugar a besarse por casualidad?” Sin embargo, si este juego se enmarca en el contexto de la tradición china, se supone que sea incómodo, ya que las muestras públicas de afecto son mal vistas. Por lo tanto, besarse en público, aunque sea dentro de un juego casual, se supone que no sea algo que un chino disfrute hacer. Por supuesto, debido a que los tiempos han cambiado, muy pocos le darían un sentido fascinante y en extremo lúdico al hecho de ver a un par de jóvenes amantes entre besos y mordiscos frugales. Como dice el gran autor Lu Xun en su libro Los principios de la incorporación, “hay que rechazar la escoria y asimilar la esencia frente a la cultura tradicional”. En la actualidad ya no tiene ningún atractivo transgresor “comer la manzana colgada”, aunque para las generaciones anteriores sí lo tenía.

Este juego puede tener muchas variaciones, o para decirlo con mayor claridad, hay muchos juegos que nacieron del mismo espíritu, tales como obligar a la pareja a contar su historia desde que se conocieron. Incluso hay otros que van en una dirección más lasciva: aquellos que obligan a la pareja a hacer cosas que rayan en el umbral del acto sexual.

Cada región o etnia tiene sus propios rituales específicos, y cada pueblo, e incluso cada hogar, pueden tener diferentes niveles de aceptabilidad cuando se trata de los “osados juegos nupciales”. Actualmente, los protagonistas de los juegos no sólo son la novia y el novio, también incluyen a la dama de honor y al caballero de compañía. Se han notificado casos de algunas damas de honor que dentro de los “osados juegos nupciales” han sido toqueteadas o se han sentido agredidas sexualmente. Tales actos son inadmisibles.

El veneno de esta costumbre es la hipocresía que subyace en su práctica. En una encuesta del 2014 realiza por el Diario de la Juventud China, un 80 por ciento de los encuestados admitieron que habían estado expuestos a estos “osados juegos nupciales” y el 61 por ciento afirmó que no les gustó en absoluto. Por su parte, un 70,7 por ciento de los jóvenes, de acuerdo a esta encuesta, expresó su voluntad de boicotear lo que ellos denominaron “vulgaridad” y “comportamientos poco morales”. Sin embargo, muchas de éstas mismas personas, cuando asisten a una boda enseguida están muy dispuestas a proponer y participar de la diversión. No lo piensan dos veces y entran en los mismos “osados juegos nupciales” que ellos, en teoría, rechazan. Pasa igual que con el consumo excesivo de alcohol, que la mayoría de la gente asegura rechazar cuando se le pide una opinión fuera de contexto, pero cuando hay jolgorio y surge la tentación, nadie quiere ser el aguafiestas y a beber sin límites se ha dicho.

El erudito Kongzi dijo: “No hagas a los demás lo que no quieres que otros te hagan a ti”. De todas maneras, ya es tiempo de decir “no” a los “osados juegos nupciales”. Una boda tradicional china debería ser una celebración digna en la que no solo los novios son tratados con respecto, sino que también la dama de honor, el caballero de compañía y todos los participantes se sientan dignos y honrados.

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Li Xin es estudiante graduada en 2016 en el Máster Universitario en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación

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La sociedad moderna y la ética tradicional de China. Análisis de la película de Ang Lee “Comer, beber, amar” desde una perspectiva intercultural

Comer beber amarUna vez, en el restaurante de la Facultad de Ciencias de la Información, pregunté a mi profesor: ¨en España hay muchos platos famosos como el cerdo asado, el jamón ibérico, la paella, las tapas, la tortilla, etc., ¿pero cuál es lo más representativo como símbolo de la comida española?¨. Mi profesor no me mencionó ninguna comida típicamente española, con una fama nacional o internacional directamente, sino que me dijo que en España había muchos platos buenos, todos estaban marcados por pueblos determinados, tenían relación con las situaciones del clima, los suelos, la hidrografía, la vegetación, la tradición y las costumbres de los residentes locales. Por ejemplo, en la zona de las montañas cubiertas de robles, la gente cría cerdos, así evolucionaba el jamón ibérico. En Madrid podíamos disfrutar de los mejores mariscos, porque aquí existían mercados exigentes bien abastecidos.

Eso me hace pensar en la misma situación en China, en una tierra vasta y antigua en la que hay ocho cocinas, representadas por miles de platos que reflejan los hábitos, los costumbres, las tradiciones de los pueblos de determinados territorios. Por ejemplo, en el norte de China, existen praderas, hay más ovejas y vacas, la gente cocina a menudo con carne de res y el cordero. En el sur del país, existen ríos y lagos, hay más acuicultura, aves de corral, a la gente le gusta comer pescado y pollo. En las zonas costeras, el pueblo está especializado en la cocina marinera. En el sur húmedo, a las gentes les gusta el picante con el fin de deshacerse de la humedad del cuerpo. En el norte prefieren la barbacoa y el vino fuerte para resguardarse del frío. Una comida es una expresión de la cultura; la forma de comer refleja nuestros valores y nuestra actitud hacia la vida.

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La cena es como una metáfora de la vida, una pequeña mesa llena de una amplia variedad de platos refleja nuestro sueño, deseo, amor y conflicto, describe nuestra relación personal y la realidad cultural y social. A través de la película Comer, beber, amar (1994), el director Ang Lee nos reconstruye unas escenas auténticas de la práctica cultural china. También muestra a todo el mundo el choque de los valores morales tradicionales entre oriental y oriental, entre tradicional y moderna.
La película empieza por unos planos vivos: el aceite está hirviendo en la olla; las verduras, pescados, cerdos y pollos fueron cortados ordenadamente, el fuego y el humo están bailando; uno y otro plato salen mientras exhalan el aroma. En una cocina dentro de una casa, o una casa dentro de una cocina, el padre Zhu, un cocinero profesional, está realizando una carrera contra el tiempo para preparar la comida y espera el regreso de sus hijas. Las fotos colgadas en la pared nos cuentan el fondo de la identidad, la fama y gloria de este personaje.

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En China hay un refrán: la comida es considerada por el pueblo como el cielo, también es traducida en español como: el hambre genera descontento. Un buen cocinero no sólo es el núcleo de la cocina, también es el protagonista de la familia, al igual que el protagonista, el padre Zhu, el responsable de una familia monoparental, también es el jefe de todos los cocineros de una famoso restaurante. Ya sea en casa o en el lugar de trabajo, es considerado como el núcleo porque él domina muy bién los consejos para cocinar.
Las verdaderas comidas chinas están hechas a mano, por sus procedimientos engorrosos de preparación, no pueden ser fabricadas por la producción estandarizada. Cada plato es la cristalización de la sabiduría, la experiencia y la técnica de su propio cocinero; es su interpretación cultural y expresión emocional. Por eso, cada cena es incomparable, está identificada por el toque personal. En el día de hoy, a los jóvenes chinos les encantan los exóticos modernos como KFC, McDonald, etc. por su fama mundial, sencillez y rapidez, pero nunca olvidan el sabor de los platos preparados por sus padres durante sus infancias. En este sentido, para el padre Zhu, cada cena tradicional, típicamente original de China, es considerada como el vínculo emocional de su familia; significa la responsabilidad, esperanza y la atención de un padre para sus hijas.
Durante miles de años, por su forma y contenido, una cena tradicional china apoya la comunicación, organización y estructura familiar de manera material y espiritual. Pero vale la pena mencionar que en la antigua sociedad de China el rol del cocinero familiar era realizado sólo por las mujeres. Hasta cierto punto, en el principio, esta división del trabajo era una forma para destacar el estado y la importancia de la mujer en la familia, pero con el desarrollo de la sociedad, evolucionó en el símbolo del machismo y del pensamiento feudal. En esta obra, sobre la configuración de rol, el autor no describe una relación entre la madre y sus hijos, ni entre la madre y todos los miembros de la familia; el papel de la madre de una familia china es reemplazado aquí por el padre. El concepto tradicional de una cultura feudal se rompe y está reconstruido.
La mayoría de las personas no rechaza las comidas deliciosas. En esta película la familia se enfrenta a los alimentos preparados con cuidado por un maestro de cocina; las tres hijas tienen una apatía evidente, quieren escapar de esta casa. Una suntuosa cena parece que no puede retenerlas.

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 ¿Por qué las cosas buenas llegan a ser redundantes? En mi opinión, la felicidad de la vida viene por la libertad de la humanidad, no debe ser atada por formas y estructuras tradicionales. El padre cocinaba para mantener una estructura familiar, aunque había perdido el sentido del gusto hacía mucho tiempo. Y sus hijas estaban evadiendo la responsabilidad del mantenimiento de tradición y luchaban para buscar la libertad de sus propias vidas. Por eso, cualquier comida refinada perdió su sabor. Afortunadamente, empezó la formación de la reestructura. La tercera hija parece tranquila y dócil, quedó embarazada del hijo del novio de su buena amiga; La primera hija, cristiana, se casó con un no cristiano; La segunda hija, ambiciosa, más abierta, también es la primera persona que propuso su idea de salir de la casa, aunque volvió a lo tradicional y se convirtió en un ama de casa voluntariamente. El padre, el defensor de la forma, de la estructura moral tradicional, salió de la casa y se casó con la hija de su vecina. Por fin, todos los personajes encontraron sus propias salidas. En el laberinto de una sociedad moderna, entre los occidentales y los orientales no hay diferencia, tenemos una misma naturaleza humana, deseamos la libertad y el amor.

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En la escena final, se restauró el sentido del gusto del padre Zhu; un corazón feliz y libre siente el sabor y la felicidad de la vida. Confucio dijo que la comida y el sexo estaban en la naturaleza humana. Los chinos no son apáticos. La película Comer, beber, amar ayuda a los chinos que se avergüenzan de expresar emociones para realizar una vuelta a lo esencial de la humanidad.

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Ang Lee

Ficha técnica

Título: Comer, beber, amar
Título original: Yin shi nan nu
Dirección: Ang Lee
País: Estados Unidos, Taiwán
Año: 1994
Fecha de estreno: 24/03/1995
Duración: 123 min
Género: Drama, Romance, Comedia
Reparto: Sihung Lung, Yu-Wen Wang, Chien-lien Wu, Kuei-Mei Yang, Sylvia Chang, Winston Chao, Chao-jung Chen, Lester Chit-Man Chan, Yu Chen, Ah Lei Gua
Distribuidora: Golem Distribución
Productora: Central Motion Pictures Corporation, Good Machine

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Kai Zeng. Titulado en el Máster en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación. Alumno del Programa de Doctorado en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid

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Chanson d’automne (Canción de otoño), poema de Paul Verlaine

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Gustav Klimt- Tannenwal, 1902

Chanson d’automne                      Canción de otoño

Les sanglots longs                                               Los largos sollozos

Des violons                                                            De los violines

De l’automne                                                         Del otoño

Blessent mon coeur                                             Hieren mi corazón

D’une langueur                                                     Con monótona

Monotone.                                                             Languidez

Tout suffocant                                                    Todo sofocante

Et blême, quand                                                Y pálido, cuando

Sonne l’heure,                                                    Llega la hora

Je me souviens                                                  Recuerdo

Des jours anciens                                             Los días de antaño

Et je pleure                                                        Y lloro

Et je m’en vais                                                  Y me voy

Au vent mauvais                                              Con el mal viento

Qui m’emporte                                                 Que me lleva

Deçà, delà,                                                         De acá para allá

Pareil à la                                                           Igual que a la

Feuille norte                                                       Hoja muerta

Paul Verlaine (poeta francés, 1844-1896, movimiento simbolista)

Trad.: María Jesús Casals
Gustav Klimt, l'arbre de vie

Gustav Klimt (El árbol de la vida)

Vincent van Gogh. Paysage crépusculaire d'automne

Vincent van Gogh: paisaje crepuscular de otoño

Vincent van Gogh.

Vincent van Gogh: Otoño

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA

Londres, Hyde Park (Foto: María J. Casals)

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El amor, la comunicación y la barrera bajo el contexto cultural chino

Análisis de la película ¨Mil Años de Oración¨ desde una perspectiva del contexto intercultural

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En la primera sesión del Cineforum del semestre 2015-2016 en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, apreciamos una película interesante, llena de detalles. Se centra en temas de la comunicación intercultural. Está titulada por un antiguo y elegante refrán chino ¨Mil Años de Oración¨.

El director Wayne Wang, estadounidenses de origen chino, ha dirigido excelentes trabajos como ¨The Joy Luck Club¨, ¨Caja China¨ y ¨Sucedió en Manhattan¨. Nos cuenta una intrigante historia por sus buenas habilidades dramáticas:

El señor Shi, un viudo jubilado que vive en Pekín, va a los Estados Unidos para visitar a su única hija Yilan, que trabaja en una universidad como bibliotecaria y se ha divorciado. Su intención es estar con ella hasta que consiga rehacer su matrimonio. Para él, su hija necesita ayuda para superar los tiempos difíciles. Sin embargo, cuando él insiste en conocer las causas del divorcio, su hija empieza a escapar. Un drama de familia, que parece aburrido, fue organizado como película de misterio por Wayne Wang, que nos dirige para desbloquear el suspense paso por paso. Por fin, a través de un choque, un intercambio de igualdad, una comunicación entre la hija y el padre, que absolutamente pertenecen a dos  contextos culturales diferentes, empieza una deconstrucción con mucho cuidado humano, y también nos deja un gran espacio de reflexión.

Desde un punto de vista de la comunicación y la cultura, esta obra nos ofrece muchos aspectos destacados y que confirman las teorías clásicas.

La comunicación y el contacto reducen el prejuicio
Yilan y el señor Shi no sólo representan una pareja de hija y padre, también son representantes de dos grupos de personas de diferentes contextos culturales:  la edad, la creencia, el valor, la moralidad, etc. Cada grupo mantiene los estereotipos, incluso prejuicios contra el otro.

El señor Shi simboliza el grupo caracterizado por la autoridad, la responsabilidad del padre, y simboliza la tradición de la sociedad patriarcal. Todas sus palabras surgen en el contexto cultural chino. Él mantiene prejuicios contra su hija; pensó que su hija tenía problemas, que no correspondía con los valores familiares de la cultura tradicional china. Yilan simboliza el grupo caracterizado por la libertad, la independencia y la igualdad, es la representante del contexto cultural occidental. Sintió que su padre era taciturno y conservador, tenía miedo de ser interferida por su control parental tradicional chino, por eso escapaba en las primeras etapas del contacto, resistía, no quería comunicarse con su padre. En China y en los Estados Unidos existe gente parecida a esta pareja de hija y padre. Ellos no son dos personajes, sino que son fieles retratos de dos grupos diferentes.

Los intercambios iniciales entre la hija y el padre han fracasado, porque la distancia, la diferencia entre generaciones y la diferencia cultural construyen un muro entre los dos. Como si fuera el mundo occidental y el mundo oriental bajo el contexto histórico de la Guerra Fría, están divididas por la Cortina de Hierro, están confinados en dos dimensiones sin comunicación.

La parte más maravillosa es el proceso de la re-deconstrucción de la relación entre el padre y la hija. En ella el director nos muestra un fenómeno: que el contacto entre dos grupos en determinados situaciones reduce los prejuicios.
Según Allport, los estereotipos son persistentes y difíciles de cambiar, pero el contacto grupal debe mejorar las relaciones entre grupos, reducir el prejuicio, los correspondientes estereotipos y la discriminación. El prejuicio puede ser reducido por un contacto a igual status entre los grupos mayoritarios y minoritarios, si procuran objetivos comunes. El efecto se ve muy reforzado si este contacto está sancionado por soportes institucionales, y siempre que sea de tal suerte que lleve a percibir intereses comunes y una común humanidad en los miembros de los dos grupos. (Allport, 1955)

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En el inicio de la película, el status de la hija y el de su padre no son iguales. El señor Shi se consideraba una persona mayor con mucha experiencia, autoridad y responsabilidad y esto dificulta el intercambio de igualdad entre ellos. Pero el padre tenía una intención subjetiva de comunicar, por eso, a través de unas comunicaciones con diferentes personas, como la mujer iraní, él logró una nueva comprensión de los valores familiares, empezó a reformar su actitud y volvió a ajustar su status. Estos detalles nos muestran que el padre busca un cambio o una solución activamente y su esfuerzo es progresivo y positivo. Al mismo tiempo, la hija adoptaba una actitud evasiva, no quería escuchar a su padre. En un principio, ella no eligió el camino de la comunicación, sino que preparó un plan de viajes para su padre. En mi opinión eso no es una forma de rechazar. El  propósito de Yilan es  cambiar a su padre y promover su entendimiento de los Estados Unidos y del mundo occidental, a través de los viajes. Vale la pena mencionar que, en este caso, la hija y el padre tienen los buenos motivos subjetivos, ambos querían adoptar medidas para mejorar la situación. Podemos decir que la hija y el padre perciben intereses comunes y una común humanidad. Esto es un requisito previo para reducir los estereotipos y prejuicios a través del contacto.

La discusión en mitad de la noche es considerada como el clímax de toda la obra. En esta escena, Yilan sustituyó a su padre para contar la realidad que él antes no había afrontado ni aceptado. Con esta manera directa destruyó el mito construido por el señor Shi. Cuando su padre no hablaba con una postura arrogante y no recurría a sus prejuicios lograban buenas oportunidades de igualdad para el intercambio. Al día siguiente, los dos personajes mantuvieron sus propios puntos de vista y actitudes, pero también prefirieron respetar al otro, mutuamente, y por fin buscaron un común denominador.

Estos dos personajes nos hacen reflexionar sobre los pueblos que viven bajo diferentes contextos culturales. Por ejemplo, los políticos chinos socialistas siempre mantienen estereotipos contra los americanos capitalistas y algunos de los occidentales tienen varios prejuicios contra los chinos por la falta del contacto y la comunicación; Confirmaron la teoría de Allport, y nos muestra una realidad muy importante: que el contacto a igual status produce un intercambio de igualdad por la vía de la comunicación, promueve la comprensión mutua y reduce los estereotipos y prejuicios.

Emoción y expresión bajo diferentes contextos culturales.
Yilan está en un contexto cultural tan distinto del de China que, en comparación, este contexto cultural es mucho más abierto y moderno. Por eso, su forma de pensar y  su hábito de comunicación están en marcados por el  contraste con los de su padre, que están caracterizados por un contexto cultural típicamente tradicional chino.
La barrera de la comunicación entre el padre y la hija está causada por las diferencias culturales que expresan los dos contextos culturales diferentes. Muchos detalles de la película muestran esta realidad.

Por ejemplo, el padre y la hija mantienen diferentes entendimientos sobre el concepto del “destino”. Para el señor Shi, “el destino” significa que en toda la vida un hombre solamente puede tener una mujer; o una esposa solamente puede pertenecer a un esposo. Pero para Yilan “el destino” significa apreciar cada momento y vivir alegre con lo que tú quiere cada día. Obviamente, el padre piensa y comunica según el contexto cultural chino, cerrado, ideal y tradicional, y la hija prefiere un contexto internacional, realista y moderno.

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Yilan quiere comunicarse con sus amigos extranjeros. No desea hablar mucho con su padre chino. En la vida cotidiana, prefiere comunicarse en inglés con su novio ruso, un lenguaje de un contexto cultural abierto; o con el ruso, lengua de su novio. Ella está escapando del contexto cultural chino y va a integrarse activamente en el contexto cultural americano o internacional.

En la película, la realidad es que Yilan no fue abandonada por su marido chino, sino que lo abandonó ella. En mi opinión, en esta obra el personaje del marido chino simboliza el contexto cultural del que Yilan quiere escapar. Aparentemente, Yilan huyó de una relación marital, pero en realidad huyó del contexto cultural chino. Bajo el contexto cultural chino, una mujer debe seguir la tradición de la fidelidad, pero esta tradición está basada en una sociedad feudal patriarcal. En este contexto, una mujer no debe satisfacer su propio amor y pasión, sino que debe cubrir la tradición feudal, una situación social de desigualdad, la responsabilidad familiar como un contrato feudal.

El contexto cultural cerrado causa los estereotipos y prejuicios
El intercambio de igualdad requiere un buen ambiente caracterizado por el respeto,  la apertura y la libertad; estos aspectos deben ser producidos en un contexto cultural abierto. Por el contrario, un contexto cultural cerrado puede causar mala comunicación y reforzar determinados estereotipos y prejuicios.

Esta película refleja un fenómeno universal en China que es que los miembros de la familia comunican poco en la casa, no expresan directamente a las personas familiares, pero ellos no tienen miedo a hablar con los desconocidos. ¿Por qué hay gentes que siempre adoptan una postura defensiva en la casa y seleccionan una actitud relajada fuera? Creo que hay muchas expresiones, pero la película nos deja un comentario constructivo: es que en China, con su propio contexto cultural cerrado, se obliga a la gente a construir un mecanismo de autoprotección para evitar el daño delos otros.

En la obra clásica china sobre la política, la guerra y la interacción civil “Treinta y seis estratagemas chinas”, de Gao Yuan, hay una teoría que es ¨asociarse con los países lejanos y atacar a los cercanos¨. (AA.VV., 2010, traducida por YuQian) Este libro fue publicado por primera vez en la dinastía Ming, pero su idea central está heredada del pensamiento militar en el período de la dinastía Qin, mil años más temprano. El Imperio Qin incluso desarrolló su propia estrategia militar y política diplomática basada en esta teoría. Eso indica que en la antigüedad, los antepasados chinos creían que las gentes de los alrededores son mucho más peligrosos que las personas distantes.

Este pensamiento es muy fácil de explicar, porque para un imperio feudal con territorio vasto y recursos ricos, para su clase dominante, las luchas cortesanas de poder que pueden ocurrir cada día y son mucho más destructivas y preocupantes que las disputas territoriales que estallan ocasionalmente en fronteras lejanas.
En la antigüedad, el entorno geográfico chino estaba muy cerrado, al este y al sur está el mar, al oeste están las montañas, al norte son estepas y desiertos, en el mismo tiempo, en su interior hay una gran cantidad de tierra disponible para desarrollo de la agricultura. Sin duda este ambiente geográfico caracterizado por la autosuficiencia debilita el deseo subjetivo de los chinos para explorar el espacio exterior y para comunicar con otros estados y naciones.

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Hay un refrán popular chino, traducido en español como: ¨Barra usted mismo la nieve en frente de la puerta de su casa, no se preocupe por la helada sobre los azulejos de su vecino¨ que enseña a la gente a organizar bien su propia vida y no meterse en la de su vecino. Así se desarrolla una sociedad muy cerrada. Bajo la influencia del cerrado entorno geográfico continental y un contexto cultural también cerrado, los antepasados chinos formaban un pensamiento conservador, preferían organizar el mundo interior y espiritual, no tenían mucho interés por el mundo exterior.

Al estudiar la larga historia de China, rara vez vemos agresiones externas, pero podemos mencionar muchos cambios de dinastía. En un medio ambiente casi enclaustrado tal como la China antigua, los conflictos producidos en el interior son más comunes que las amenazas externas, por eso los chinos tienen bastantes experiencias de la lucha interna.
Según la película, el señor Shi es taciturno en China, no expresa emociones. Pero presenta un fuerte deseo de comunicarse cuando está fuera de su país, incluso en el vuelo hacia los Estados Unidos. Para él, China es peligrosa. En el período de la revolución cultural, sus propios compañeros le causaron heridas graves y esto cambió la trayectoria de su vida. Pero en un ambiente nuevo, lejos de los conocidos, bajo un contexto cultural abierto, no existen competencias ni amenazas, no tiene presiones de comunicar ni miedos contra los rumores. Ya no es necesario controlar sus propios deseos y ocultar sus emociones.

En la última escena, el señor Shi dejó de interferir en la vida de Yilan, dejó de tratar de cambiarla. En este momento, el padre y la hija buscaron un terreno común y lograron un resultado más perfecto de comunicación. Este final tiene un sentido muy profundo.
¨Mil Años de Oración¨ nos inspira mucho para pensar las cuestiones sobre la comunicación intercultural y otros temas relacionados.
Referencias:
Allport, G. (1954): La naturaleza del prejuicio. Argentina, Editorial Universitaria de Buenos Aires-Rivadavia 1571/73. Cuarta edición, traducida de la tercera edición (1955) por Ricardo Malfé.

Colectivo (2010): Treinta y seis estratagemas. Pekín, Editorial ZhongHua. Primera edición, traducida por Yu Qian.

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Ficha técnica

Mil años de oración (A Thousand Years of Good Prayers)
Dirección: Wayne Wang.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 83 min.
Género: Drama.
Interpretación: Faye Yu (Yilan), Henry O (Sr. Shi), Pasha Lychnikoff (Boris), Vida Ghahremani (Madam).
Guión: Yiyun Li; inspirado en un relato de su novela “Los buenos deseos”.
Producción: Yukie Kito, Richard Cowan y Wayne Wang.
Música: Lesley Barber.
Fotografía:
Patrick Lindenmaier.
Montaje: Deirdre Slevin.
Diseño de producción: Vincent De Felice.
Estreno en España: 18 Abril 2008.

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* KaKai_Zhangi Zeng es titulado en el Máster Universitario en Investigación en Periodismo:  discurso y comunicación (MUIP) por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente realiza su doctorado en la UCM.

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Terrorismo en el país de las luces

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Reportaje trasmedia

Francia es, en gran parte, un país católico: la histórica catedral de Notre-Dame está custodiada por una estatua de Carlomagno, el emperador del siglo IX que obligó a sus súbditos a convertirse al catolicismo. Pero la Revolución Francesa, en 1789, cerca de mil años más tarde, consolidó un conjunto diferente de valores: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Actualmente, el 7% de la población francesa es musulmana. Según las estimaciones estatales, son cerca de seis millones de personas. Un sentimiento general de exclusión ha generado un gran descontento entre los franceses musulmanes. Y la desazón está siendo aprovechada por células radicales para reclutarlos. De hecho, cientos de franceses musulmanes han viajado a Siria para unirse a la guerra Santa. Tras los atentados al semanario Charlie Hebdo, la problemática social de esta comunidad se ha convertido, de nuevo, en el centro del debate.

Seguir leyendo…. https://libertadbajopalabras.wordpress.com/

Trabajo realizado por:

  • María Albarrán
  • Gema Fernandez
  • Vanessa Paget
  • Xintong Li
  • Xiafei XU
  • & Hui Li

MUIP

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El grabado de hojas. Un arte magnífico de China

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El grabado es la práctica de elaborar un dibujo mediante incisiones sobre una superficie dura y normalmente plana. Normalmente, los materiales de base utilizados son la plata, el oro, el acero, la laca o el cristal, pero en ocasiones otros materiales más raros, como las hojas de los árboles, pueden ser utilizados para desarrollar este arte.

Huang Taisheng, nacido en 1950 en Taizhou, en la provincia de Jiangsu, fue pionero en este arte y se ha convertido con los años y esfuerzos en un diestro artesano en el grabado sobre hojas, por lo que es ahora un reconocido maestro. En 1994, se recolectaron sus trabajos con el fin de incluirlos en el libro Guinness.

Huang TaishengHuang Taisheng cuenta que empezó a hacer los grabados después de que una hoja apolillada que parecía un mapa de China le inspirara la idea. Al principio, grabar sobre las frágiles, delgadas, húmedas y suaves hojas parecía una tarea imposible, pero Huang nunca se dio por vencido. Con incontables esfuerzos y la ayuda de expertos en biología, finalmente encontró una solución especial con la que, después de sumergir la hoja durante un cierto tiempo, es posible realizar el grabado. Además de empaparlas en esa solución, las hojas deben pasar por un sinfín de procesos más antes de pasar a ser hermosas obras de arte, incluyendo el recortado, el martilleado, el prensado, el grabado, el planchado y el blanqueado. Este tratamiento profesional hace las hojas más flexibles, resistentes a la humedad y a las polillas, y permite conservarlas durante largo tiempo. El trabajo de Huang es muy reconocido y coleccionado por varios museos tanto en China como en otros lugares del mundo. La temática es variada: figuras históricas, como Confucio o Shakespeare, caligrafía y murales chinos, budismo, líderes políticos como Zhou Enlai, Deng Xiaoping, Sun Yat-sen y su mujer Song Qingling, gurúes de la cultura china como el novelista Lu Xun, el pintor Xu Beihong o el actor de ópera Mei Lanfang.

Muchos artistas de todo el país han empezado también a practicar este arte, por lo que es cada vez más conocido y se está desarrollando con gran rapidez.

Huang Taisheng-Hoja2

Yao Xiao. MUIP

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La noche de La Habana

Y llegué a La Habana. Cuando salí del aeropuerto internacional José Martí, pude ver muchos coches antiguos del siglo pasado, de los años cincuenta y sesenta, como en las películas antiguas. La pintura brillante estaba despegada, pero corrían por las calles cubanas. Un joven manejaba el coche de época con su novia, y con la música fuerte se marchó lejos. Los coches viejos, clásicos, parecían que se iban a romper de un momento a otro. En algunos no se cerraba la puerta trasera, y al conducirlos producían mucho ruido.

La Habana

Cuba vive una economía vieja, anclada y por muchas veces rota. Cuba sufrió durante muchos años el embargo por Estados Unidos. Y, ante la escasez, todo puede servir, no se desperdicia, y mucho menos un coche. Los cubanos siempre hacen el mejor uso de cada cosa.

En La Habana, por supuesto, uno tiene que ir a la ciudad vieja. Las calles de la Habana vieja están gastadas, como las arrugas de la frente de una vieja que habla de la historia de esta ciudad. Una ciudad que ha vivido mucho en poco tiempo: la colonización española, la guerra hispano-estadounidense, el levantamiento por la independencia, el cambio de régimen, las dictaduras, la revolución socialista… Cruzando por cada esquina, podía encontrar los más profundos recuerdos.

Casi todas las paredes han perdido su color, y las ventanas estaán rotas. En un balcón de un segundo piso colgaba ropa de colores. Al lado se apoyaba un hombre semidesnudo y una mujer tranquila. Charlaban asomando la cabeza por la ventana rota y hablaban con un vecino o con un peatón. Usaban una cuerda colgante atada a una sucia cesta para dejar que los vendedores ambulantes les dejaran alimentos frescos.

Hay plazas grandes y pequeñas por toda la Ciudad Vieja. Mercadillos de libros. Los niños juegan bajo del árbol, a su sombra. Los vendedores ambulantes venden flores y siempre esperan el próximo cliente. A la puesta de sol, los jóvenes se abrazan en la playa.

Oscurece. El barrio habanero se anima. La gente pasea por la calle. La música suena constante por todas partes. Un perro dócil cruza silenciosamente por la calle y recoge suavemente cualquier cosa comestible.

Cuando miraba el mapa bajo la luz, un anciano se acercó y me preguntó a dónde iba. Me acompañó hasta la bocacalle. Y me alertó con gestos y palabras que cuidara la cartera. Supo que yo le había entendido bien y se sintió satisfecho. Dio unas vueltas y luego desapareció en la noche.

Las luces en La Habana no son muy brillantes. Pero la gente es excepcionalmente acogedora y amable. Caminando por las estrechas calles del casco antiguo, y en la oscuridad, nunca he sentido miedo ni inquietud.

Yu Zhang. MUIP

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Obtener y perder

Allí vivía un hombre joven, en el Shimamura Village. Como no se conoce su nombre, simplemente le llamaremos Shimamura. No tiene confianza en sí mismo y no sabe cómo comportarse en los diferentes momentos. Sus familiares le aconsejaban para superar esta deficiencia, pero pensaron que ponían sus dedos en el pastel del otro. En realidad, su familia y sus vecinos se burlaban de él, le decían que nunca sería capaz de aprender cualquier cosa. Pasaban los días y empezó a dudar si debía caminar como lo hacía, se sentía cada vez más torpe. Un día, se encontró en la carretera con unas personas que estaban charlando y riendo. Uno de ellos dijo que la gente en U-land caminaba más con gracia. Y eso era justo lo que más le preocupaba, por lo que se apresuró hacia aquellas personas para preguntarles. Para su sorpresa, cuando lo vieron, se alejaron riendo. No podía imaginarse a sí mismo, quería saber la manera de lograr que sus gestos al caminar fueran elegantes, no le importaba lo duro que pudiera ser.

Un día, fue a U-land, ciudad muy lejana, para aprender a caminar. Tan pronto como llegó, se sintió deslumbrado. Allí aprendió de los niños cómo caminar, eran graciosos y seguros. Aprendió de los ancianos porque sus movimientos le parecían estables. Aprendió de las mujeres, porque le parecían hermosos sus movimientos oscilantes.

Pero en menos de mes y medio se olvidó cómo caminar. Como ya había agotado sus gastos de viaje, tuvo que arrastrarse para volver a su casa.

La historia y la realidad

Esta clásica historia china se llama Han Dan Xue Bu. Imitar el éxito ajeno puede malograr las propias fortalezas.

En 2014, el presidente roso Putin y el presidente chino Xi Jinping, asistieron a la sexta reunión de los líderes del BRICS. Y hicieron una visita de Estado con Brasil, Argentina, Venezuela, Cuba. Posteriormente, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, visitó América Latina para cambiar y mejorar su influencia política. Pero al final no se llegó al efecto deseado.

Esta historia también sirve para criticar el sistema educativo del fútbol de China. La educación de fútbol de China quiere emular España, pero se ignora la situación real y tan diferente de los jugadores chinos.

China Narrativa MUIP2

Yaxuan Su. MUIP

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La fragilidad del Nido Vacío

En julio de 2012, un anciano de edad de 70 años en la aldea Pan Zhaung, murió solo en casa sin que nadie lo supiera. Días después, cuando se descubrió ,el cadáver estaba corrupto. El anciano tenía dos hijos que trabajaban fuera de casa y se comunicaban pocas veces. Este caso produjo una gran impresión en el país y se clavó en el corazón de cada joven que trabaja distante de casa. En los últimos años, las personas de la tercera edad viven solas y enfermas en casa, y sin ayudas en las zonas rurales. El caso de los muertos ancianos, solitarios y desconocidos se publica en los medios de comunicación muy a menudo.

No solo ocurre en el campo. Un hombre de una gran ciudad como es Nanjing descubrió que su madre de 88 años se ahorcó en casa después de la reunión familiar de la Fiesta de Primavera China. Cuando los padres se convierten en esas personas que se quedan solas debido a que los hijos trabajan lejos, es natural que tengan un estado psicológico de la ansiedad y decepción, especialmente después de la reunión familiar de Año Nuevo, una tradición casi sagrada en China. Lo llamamos el problema del Nido vacío.

La manutención de ancianos no es solo una cuestión de ética particular. Es también un problema social y una obligación de la sociedad. Es indispensable cuidar a las personas de la tercera edad. Esto no corresponde solo a la política gubernamental ni a la responsabilidad social. Es la obligación de los hijos y las hijas. A medida que pasa el tiempo, esos padres que una vez fueron fuertes y jóvenes dejan de serlo y necesitan ayuda, son frágiles. Por eso la joven generación tiene que mostrar a sus padres y abuelos más amor y cuidado aunque sea llamarlos por teléfono.

En China, se dice que el hijo nunca rechaza la fealdad de la madre. Hoy, con las condiciones de vida cada vez más prósperas, a las personas de tercera edad no les falta el dinero y cosas materiales, sino la atención del alma porque tienen miedo a la soledad. Es decir, tienen gran necesidad de comunicarse con la joven generación.

Cuando crezcamos y seamos capaces de asumir la responsabilidad de la familia, no nos olvidemos de los padres envejecidos que sólo necesitan nuestro compañía y cuidado. No dejeosm que nuestros padres se conviertan en los del nido vacío espiritualmente.

Nido vacío Shiyan Qin. MUIP

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Una bendición disfrazada 塞翁失马、焉知非福

En fronteras de la zona del norte de China vivía un hombre muy versado en las prácticas del taoísmo. Su caballo, sin ninguna razón en absoluto, se metió en el territorio de las tribus del norte. Todo el mundo se compadeció de él. “Tal vez esto pronto llegue a ser una bendición”, dijo su padre.

Después de unos meses, su caballo regresó, acompañado de otro hermoso caballo desde el norte. Todo el mundo lo felicitó. “Tal vez esto pronto llegue a ser una de las causas de la desgracia”, dijo su padre.

Su hijo se convirtió en un gran aficionado a la equitación y mantenía buenos y bellos caballos. Pero un día se rompió el fémur al caerse de un caballo. Todo el mundo se compadeció de él. “Tal vez esto pronto llegue a ser una bendición”, dijo su padre.

Un año más tarde, las tribus del norte comenzaron una gran invasión de las regiones fronterizas. Todos los hombres jóvenes sanos tomaron las armas y lucharon contra los invasores, y como resultado, en torno a la frontera nueve de cada diez hombres murieron. El hijo de este hombre no se unió a la lucha porque estaba lisiado. Tanto él como su padre sobrevivieron.

Esta historia significa que las cosas buenas pueden convertirse en males, y las males pueden convertirse en buenas. Por eso es importante estar serenos en todas las situaciones que encontramos en la vida

Todos los chinos sabemos este cuento como 塞翁失马、焉知非福 desde muy pequeños.

Caballos tinta china

Manzire Muhetaer. MUIP

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Una partida en la mesa

En la historia antigua de China, hubo un emperador que tenía 2 hijos. El hijo mayor, señor Liao, debía ser el heredero de la nación. Sin embargo, el hijo menor que se llama Guang también aspiraba a convertirse en el emperador. Por eso Guang maquinó una conspiración para asesinar su hermano mayor. Encontró un cocinero magnifico en emparrillar el pescado asado. Y luego invitó a Liao para cenar en su casa. A Liao le gustaba mucho el pescado asado, y contestó inmediatamente que asistiría a la cena.

Entonces, Guang comenzó a planificar con sus soldados y aprovechó cada instante. Él acechó a un grupo de soldados armados en el sótano y otro grupo esperaba los órdenes constantemente fuera del salón. Además, ordenó a un hombre hercúleo disfrazarse en el cocinero para asesinar Liao. Cuando todo estaba bien preparado, como el pez muy cerca al anzuelo, Guang no podía controlar su excitación. Llegó al día de la cena. Sin embargo, esta anormal actitud de Guang llamó la atención de la madre de Liao. Le advirtió a su hijo que llevara guardias y que se mantuviera alerta ante el peligro del posible ataque sorpresivo de su hermano. Por eso, Liao se puso 3 armaduras para proteger su cuerpo y distribuyó ejércitos en los dos lados del camino hasta llegar al salón de la cena en la casa de Guang. Además, ordenó que todos los sirvientes que ofrecían la comida tenían que estar desnudos, para evitar así que alguien escondiera en su ropa cualquier arma.

Durante la comida, los hermanos parecían conversar alegremente. Pero Guang de comienzo al fin estaba pensando cómo realizar su conspiración y Liao también estaba atento a todos los actos de su hermano. Con el pretexto de supervisar el estado de la comida, Guang salió el salón y habló con el asesino clandestinamente.

Un momento después, el asesino llevó el pescado al salón y se lo brindó al señor Liao. China Narrativa MUIP1El pescado se cocinó perfectamente y tenía un olor maravilloso. Liao no pudo contener su deseo, se levantó e se inclinó para observar el pescado. De repente, el hombre hercúleo aprovechó esta ocasión, abrió el pescado, sacó una espada que se escondía en la tripa del pez e inmediatamente mató el señor Liao. Así, finalmente el señor Guang consiguió la victoria de esta partida en la mesa y se convirtió en el emperador.

 

 

Posdata

Las cenas festivas de China se diferencian de las occidentales, no tienen músicas románticas o bailes efusivos. Los chinos acostumbran a sentarse al lado de una mesa redonda para compartir comidas deliciosas, y brindan constantemente por razones muy distintas. A esta forma de cena o fiesta, los chinos la llaman ¨Fanju¨, que significa “la partida en la mesa”.

¨La partida¨ tiene su significado original en la partida de ajedrez. Dos personas se sientan por dos lados del tablero de ajedrez, compiten la inteligencia y la técnica para obtener la victoria. Por eso, ¨la partida¨ también contiene interpretación de la trampa o la intriga. En la sociedad laica, “la partida en la mesa” manifiesta la convergencia de las abundantes características históricas, políticas, culturales, sociales y tradicionales de China, establece relaciones estrechas entre los sentimientos, beneficios, negocios y carreras profesionales. ¡No puede faltar la partida en la mesa!

Además, los móviles inteligentes facilitan a los participantes publicar sus fotos y videos en las redes sociales. A menudo, cuando todavía no han terminado de comer, el color, el olor y el sabor ya fueron enviados a miles de kilómetros de distancia, se prueban y evalúan por numerosos espectadores.

El señor Liao dependió de la fraternidad y de sus guardias, pero no pudo escaparse de la espada oculta en la tripa del pescado. Los ¨amigos¨ con objetivos de ganar redes sociales en la mesa, ¿quién no teme a la velocidad de difusión de la información, sin pensar en los resultados o efectos o consecuencias de sus palabras y hechos?

Ajedrez

Wendan Long. MUIP

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Solidaridad por caridad

Boris intentó arrebatarme mi teléfono móvil a punta de cuchillo no solo porque quería comer, sino porque no conocía otra forma de encarar día tras día esto que llamamos vida y, que para algunos, es mucho más sombría que para otros. Evité que me hiciera daño y que me despojara del teléfono al ofrecerle dinero y la mano como quien cierra un negocio.
Desconfió y me dijo ¿cómo sé que puedo confiar en usted? Con algunos insultos de por medio yo le respondí con el mismo recelo, pero lo decisivo para desactivar una situación tan violenta como un atraco fue que él aceptara darme la mano. Tiene mucho más valor en un país en guerra, sumido en su propia pobreza material y de espíritu aceptar un gesto de respeto humano que darlo.

Colombia negocia la paz de una guerra insostenible, pero los colombianos aún no han emprendido el camino de la paz de todos los días, la que no necesita de garantes internacionales ni de mesas de trabajo en La Habana. Es la paz que pone fin a los demonios que la pobreza, la marginación, la injusticia social y legal han logrado quebrarnos en nuestra capacidad humana.

La pobreza arrebata toda dignidad humana, porque logra erradicar la esperanza de poder ser algo mejor que lo que se es. Y somos pobres también aquellos que no podemos comprender que la paz se construye desde el respeto y no desde la caridad. Boris, ese negro alto y maloliente, vestido en cuerpo y alma como aquel que tiene derecho a matar porque a él lo dejaron morir desde siempre, encarna lo peor de nuestra sociedad. En parte porque nadie puede adjudicarse el derecho a matar para alimentarse y porque nadie debería ser obligado por su propia especie a hacerlo. Los colombianos debemos aceptar el fracaso de nuestra escala de valores, muchas veces arribista y despreciativa y menos veces responsable del dolor y hambre de nuestro propio pueblo.

Tal vez, de la misma manera en que con total lucidez Eduardo Galeano sentenció, debemos comprender que “a diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba–‐abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”.

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María Elvira Albarrán Cepeda. MUIP

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Feliz 2015

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