¿Cuál es la fórmula adecuada para una boda china?

Bao Beier's wife Bao Wenjing.

LI Xin

El 30 de marzo de 2016, Bao Bei’er y Bao Wenjing se casaron en la isla de Bali. Ellos son una pareja de “estrellas de cine”, y por tanto, un grupo de amigos del mundo del espectáculo fueron invitados a la boda. Una de ellas fue Liu Yan, una joven artista que ha hecho de su atractivo físico y sexual su verdadera especialidad histriónica. Ella es amiga de Bao hace diez años. La ceremonia contenía muchos juegos. En uno de ellos, un grupo de hombres agarran por la fuerza a la irresistible Liu y casi la tiran a un lago. Sin saber lo que iba a sucederle, ella gritó y otra mujer intervino en su auxilio.

A los pocos minutos, este suceso fue publicado en las redes sociales y se popularizó de inmediato. La crítica de los internautas chinos fue rápida y furiosa. “¿Cómo pueden ustedes, los peces gordos de la industria del entretenimiento tratar así a una dama como Liu?”, se preguntaron airados muchos fanáticos. “¿Cómo es que ningún invitado masculino se dispuso a ayudarla? ¿Dónde están los buenos modales de los caballeros?”, inquirieron otros. Más tarde, Liu publicó una declaración disculpándose por los problemas que les pudo causar a los Bao. Esto enfureció aún más a los seguidores chinos, que lo interpretaron como otra evidencia de la continua victimización que sufre el sexo femenino. Entonces, el recién estrenado esposo Bao Bei’er escribió una disculpa en las redes sociales, expresando que no hubo mala intención por parte de nadie. Sin embargo, el público no pareció haber quedado satisfecho. No se conoce la intención real escondida detrás de estas dos disculpas. Podrían estar siendo sinceros o podrían estar tratando de restarle importancia a su propia culpabilidad y a la manipulación que ha hecho la opinión pública.

¿Cuál es la fórmula adecuada para una boda china? No hay consenso. Como dice Confucio, “diferentes personas tienen diferentes puntos de vista”, lo que se considera aceptable por algunos, será visto por otros como una barbaridad. Gran parte de la lógica a la hora de elegir, funciona según el nivel de sumisión o de rebeldía que se tenga respecto al canon cultural de contraste.

A diferencia de una boda típica occidental, que está marcada por la solemnidad y la grandeza, una boda china pasa de un carácter a otro, sin perder su sentido. Por ejemplo, la parte ritual es ahora una mezcla de prácticas chinas y occidentales: la novia vestida de blanco (occidental) y luego de rojo (china), o viceversa. Sin embargo, para los amigos de la mayoría de los recién casados, que tienden a ser jóvenes y estridentes, en realidad la parte divertida de una boda china son los “juegos nupciales”. Muchos de estos están diseñados para excitar o, como piensan algunos, para humillar a los participantes.

Un ejemplo clásico es el juego “comer la manzana colgada”, donde la pareja tiene que devorar la fruta prohibida. El objetivo es que los labios de ambos cónyuges se rocen entre sí. Hay gente que puede preguntar: “¿Qué problema hay en jugar a besarse por casualidad?” Sin embargo, si este juego se enmarca en el contexto de la tradición china, se supone que sea incómodo, ya que las muestras públicas de afecto son mal vistas. Por lo tanto, besarse en público, aunque sea dentro de un juego casual, se supone que no sea algo que un chino disfrute hacer. Por supuesto, debido a que los tiempos han cambiado, muy pocos le darían un sentido fascinante y en extremo lúdico al hecho de ver a un par de jóvenes amantes entre besos y mordiscos frugales. Como dice el gran autor Lu Xun en su libro Los principios de la incorporación, “hay que rechazar la escoria y asimilar la esencia frente a la cultura tradicional”. En la actualidad ya no tiene ningún atractivo transgresor “comer la manzana colgada”, aunque para las generaciones anteriores sí lo tenía.

Este juego puede tener muchas variaciones, o para decirlo con mayor claridad, hay muchos juegos que nacieron del mismo espíritu, tales como obligar a la pareja a contar su historia desde que se conocieron. Incluso hay otros que van en una dirección más lasciva: aquellos que obligan a la pareja a hacer cosas que rayan en el umbral del acto sexual.

Cada región o etnia tiene sus propios rituales específicos, y cada pueblo, e incluso cada hogar, pueden tener diferentes niveles de aceptabilidad cuando se trata de los “osados juegos nupciales”. Actualmente, los protagonistas de los juegos no sólo son la novia y el novio, también incluyen a la dama de honor y al caballero de compañía. Se han notificado casos de algunas damas de honor que dentro de los “osados juegos nupciales” han sido toqueteadas o se han sentido agredidas sexualmente. Tales actos son inadmisibles.

El veneno de esta costumbre es la hipocresía que subyace en su práctica. En una encuesta del 2014 realiza por el Diario de la Juventud China, un 80 por ciento de los encuestados admitieron que habían estado expuestos a estos “osados juegos nupciales” y el 61 por ciento afirmó que no les gustó en absoluto. Por su parte, un 70,7 por ciento de los jóvenes, de acuerdo a esta encuesta, expresó su voluntad de boicotear lo que ellos denominaron “vulgaridad” y “comportamientos poco morales”. Sin embargo, muchas de éstas mismas personas, cuando asisten a una boda enseguida están muy dispuestas a proponer y participar de la diversión. No lo piensan dos veces y entran en los mismos “osados juegos nupciales” que ellos, en teoría, rechazan. Pasa igual que con el consumo excesivo de alcohol, que la mayoría de la gente asegura rechazar cuando se le pide una opinión fuera de contexto, pero cuando hay jolgorio y surge la tentación, nadie quiere ser el aguafiestas y a beber sin límites se ha dicho.

El erudito Kongzi dijo: “No hagas a los demás lo que no quieres que otros te hagan a ti”. De todas maneras, ya es tiempo de decir “no” a los “osados juegos nupciales”. Una boda tradicional china debería ser una celebración digna en la que no solo los novios son tratados con respecto, sino que también la dama de honor, el caballero de compañía y todos los participantes se sientan dignos y honrados.

boda china

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Li Xin es estudiante graduada en 2016 en el Máster Universitario en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación

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